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Yóskar Sarante: el cantante que la bachata sacó de la construcción y le robó al merengue

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Yóskar Sarante trabajaba cargando blocks, mezclando y empañetando paredes cuando se encontró en los años 90 con la contagiosa bachata, que a partir de la hora de su muerte la noche del lunes es su mejor legado al pueblo dominicano.

Además de la construcción, la bachata se lo robó al merengue, donde realmente comenzó su entrada a la música popular.

Desde niño tuvo inclinación a la música, de manera empírica. A los doce años, cuando Pedrito Fernández cargaba "La mochila azul", él era su fiel imitador.

Su afición por la guitarra la heredó de su padre, que falleció cuando él tenía nueve años. Además de la música, heredó el trabajo duro. Llegó hasta vender guandules en las calles de Villas Agrícolas, barrio capitaleño, para ayudar a su madre en la manutención familiar. 

"Mi papá no vio mi éxito porque él siempre tenía esa seguridad, esa fe de que iba a representar a Santo Domingo en el mundo entero y a los doce años me dijo: - para mí tú eres un artista ya", contó en una entrevista televisiva en "El Especial con Colombia Alcántara". Y eso le dio la confianza.

A los 15 años se integró a una orquesta merenguera que le llamaban La Proclama, dirigida por Tomás Barreras y en la que también figuraba El Jeffey.

Luego pasó al frente del grupo de Guancho Viloria, quien antes estaba con Wilfrido Vargas. De ahí paso con Cheché Abreu y Aramis Camilo.

Entre 1994 y 1999 Yóskar se hacía llamar "El Prabú de la bachata" y grabó tres producciones sin mayores resultados.

Fue entonces cuando conoció a Freddy Peña Pastor y se acercaron a Juan y Nelson, que le cambió la vida porque hasta entonces había sido muy difícil.

"Yo no tenía dinero, no tenía nada... No es fácil uno ver a su niña llorando porque no tiene leche y yo sin trabajo, pues nadie me contrataba aún y eso me obligó a meterme  en lo que fuera", comentaba en las entrevistas sobre su vida.

Yóskar recordaba que en la construcción le pagaban 40 pesos por hora, unos 320 pesos por día, "pero era lo único que encontraba para poder mantenerse y no dejar morir de hambre a su familia" y por eso trabajaba en lo que apareciera.

Su primera luz musical en bachata fue "La Noche", en el 2000, y fue Baní donde se le contrató por el que cobró unos 80 mil pesos, que para él entonces era una fortuna.

Ya la vida comenzaba a cambiarle y podía mantener a su familia. Yóskar procreó tres hijos: dos varones de 20 y 15 años y una mujer de 23, y permaneció casado durante 25 años.

"Cuando cobré esos 80 mil, eso para mí fueron todo los cuartos del mundo, pero después que me pegué empecé a saborear la fortuna, pero es bien difícil cuando uno no tiene nada?", dijo el bachatero en una entrevista publicada en el periódico El Día.

Además de "La Noche", otras bachatas que lo catapultaron fueron "Llora alma mía", "Cama separada", "Guitarra", "No tengo suerte en el amor" y muchas más. Y una que lo retrata quedará para la historia: "Viví"..

Su popularidad llegó a millones en ciudades latinas de Estados Unidos y Europa. O a países donde nunca antes había llegado la bachata, como Finlandia.